Su voz entonaba con la música que se escuchaba al fondo de la habitación. Me rodeaba con uno de sus brazos mientras el otro lo apoyaba cerca de mi almohada. Sentía plácidamente su calor y me perdía entre los últimos rastros de mis ensoñaciones.
La luz comenzó a mezclarse con los objetos en que fijaba la mirada, dándoles vida poco a poco y transformando los muros en formas orgánicas de brillantes colores, que se acercaban y se alejaban creando sonidos graves que iban intensificándose, hasta convertirse en lo único que habitaba el espacio ahora oscurecido. Sentí que mi cuerpo ligeramente se elevaba, dejándome inmersa en un sentimiento de desasosiego. Me vi rodeada entonces por las hojas de un árbol que intentaba tocarme con sus ramas, sin conseguirlo. Alargué mi brazo hacia él y rocé con la punta de mis dedos aquella textura rugosa de color café: estaba húmeda. El contacto de ambas pieles provocó que el árbol se alargara hasta el infinito y me llevara con él más allá de las estrellas. Una alfombra de pequeños cuerpos nebulosos me esperaba. A lo lejos, pude distinguir la silueta de cientos de personas que parecían estar ahí desde hacía una eternidad. Caminé hacia ellos, sintiendo bajo mis pies una suavidad tan fría como inesperada; pensaba confundida acerca de la escasa variedad de colores en los extravagantes sombreros que utilizaban, cuando noté que él estaba ahí y me miraba. Fijamente.
Los sonidos se trasladaron a un plano más cercano a mi atención para aclararse. Las siluetas se iban perdiendo en la lejanía mientras regresaban las cuadradas estructuras de una habitación que aún no recuperaba del todo sus formas. Sonreí justo antes de abrir los ojos, segura de que él estaría ahí.
La luz comenzó a mezclarse con los objetos en que fijaba la mirada, dándoles vida poco a poco y transformando los muros en formas orgánicas de brillantes colores, que se acercaban y se alejaban creando sonidos graves que iban intensificándose, hasta convertirse en lo único que habitaba el espacio ahora oscurecido. Sentí que mi cuerpo ligeramente se elevaba, dejándome inmersa en un sentimiento de desasosiego. Me vi rodeada entonces por las hojas de un árbol que intentaba tocarme con sus ramas, sin conseguirlo. Alargué mi brazo hacia él y rocé con la punta de mis dedos aquella textura rugosa de color café: estaba húmeda. El contacto de ambas pieles provocó que el árbol se alargara hasta el infinito y me llevara con él más allá de las estrellas. Una alfombra de pequeños cuerpos nebulosos me esperaba. A lo lejos, pude distinguir la silueta de cientos de personas que parecían estar ahí desde hacía una eternidad. Caminé hacia ellos, sintiendo bajo mis pies una suavidad tan fría como inesperada; pensaba confundida acerca de la escasa variedad de colores en los extravagantes sombreros que utilizaban, cuando noté que él estaba ahí y me miraba. Fijamente.
Los sonidos se trasladaron a un plano más cercano a mi atención para aclararse. Las siluetas se iban perdiendo en la lejanía mientras regresaban las cuadradas estructuras de una habitación que aún no recuperaba del todo sus formas. Sonreí justo antes de abrir los ojos, segura de que él estaría ahí.
Pero no era así. Levantarme repentinamente provocó que me mareara; tras unos torpes pasos, alcancé a sostenerme en el alféizar de la ventana. Busqué con los ojos alguna explicación, y tan sólo el eco de dos palabras me devolvió la tranquilidad.
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Y esto no es deprimente porque no son fechas para publicar algo triste ¬¬
jaja
2 comentarios:
Que viajesote amor jaja
c:
¡Menudo sueño!¿y cómo eran esos hombrecillos con sombrero? :D
¡Ah! ¿Y cuáles son esas dos palabras finales? Me he quedado intrigado :)
¡Hasta la próxima!
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