domingo, septiembre 23, 2007

{inútil -- 0031}

Sin duda había sido inútil. Inútil. Era ésa la palabra con que podría resumir su vida.
Desde el día de su nacimiento, hasta el momento de su muerte, pasó desapercibido para el resto del Universo. Jamás tuvo contacto con ser alguno; ningún ente reparó en el pequeño monstruo negro de cinco ojos que solía arrastrarse mientras era ignorado entre mares de espíritus.
Ni siquiera una mirada, un roce, unas palabras que por error llegaran a sus diminutas orejitas rojas. Nada. Su existencia no era nada, porque nadie tenía conocimiento de ella.
Sin embargo, fue feliz.
Feliz en su soledad y su desgracia; en su desconocimiento, en su abandono. Aprendió rápidamente todo lo que la ciencia del planeta pudo proporcionarle a una alma desgraciada pero astuta, que podía hacer grandes cosas para sí mismo, por sí mismo, al tener como herramienta una inteligencia que no se mermaba por el contacto con los sentimientos innobles de los otros seres.
Tenía miles de proyectos, planes para su propia vida, metas perfectamente realizables en las que no necesitaba de nadie más que de su propia fortaleza.
Para mejorar su mundo, para ayudar a todos, para salvar a todas esas almas de su ruina y destrucción; el monstruo negro planeaba sacrificar su vida en beneficio de aquellos que lo marginaban. Su espíritu se elevaba tanto sobre el de los demás, que aunque repentinamente hubiera sido notado por ellos, nunca habría alcanzado a ser comprendido.
Empezó a hacer tangible la que él se había trazado como su misión...
Y entonces, repentinamente murió. Murió, sin haber hecho algo, sin haberse siquiera acercado a su meta, sin haber otorgado algo útil a su mundo. Su vida había sido inútil, pero había sido feliz...
¿Qué fue más importante?

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Ehm... sin comentarios
Saludos

sábado, septiembre 15, 2007

{0030 -- perdonar}

Sin pensarlo había vuelto a aquel lugar que desde hacía tanto tiempo había desterrado de mis recuerdos. De nuevo, ante la inmensidad de la monotonía entre los millones de florecillas silvestres que se dejaban acariciar por los rayos del sol; cegado por la vitalidad de los colores presuntuosos que se me mostraban; atrapado por la mirada de infinidad de pétalos diminutos que me rogaban abandonar ese sitio.
No pude contenerme, y rompí a llorar.
Incontables imágenes rebeldes se presentaron frente a mis ojos, visiones hijas de la locura que se iba apoderando gradualmente de mi cerebro. Impresiones, historias, situaciones ya olvidadas, deseos, sueños frustrados... transformado todo en una mezcla vil y tormentosa; insanidad alimentada de mí mismo, intensificada gracias a la ayuda de aquellas florecillas de mil colores que me guardaban un profundo rencor.
Rencor, miedo, odio... y ese sentimiento de culpa que me carcomía el corazón. Instintivamente me dispuse a prender fuego al paisaje que cualquier otro ser humano consideraría el más bello paraíso; ansiaba destruir a esos seres infinitos, inocentes, hermosos, para así hacer desaparecer con ellos mi propia falta.
Pero no, no podría hacerlo... No era capaz de algo semejante. No tenía la fortaleza necesaria para aceptar la responsabilidad de una acción de tan grandes dimensiones. No, no podría hacerlo. No podría hacer nada. No sabía para qué había regresado a ese lugar.
"
Quizá..." dijo una voz dentro de mí. "Quizá... vienes a pedirl perdón".
Entonces lo comprendí. No entendí nada, pero lo comprendí todo. Y dejando a un lado lo que mi locura me dictaba, lo que mi orgullo me evitaba, lo que mi razón me reprendía... Me arrodillé.
Me arrodillé frente a ellas, y les pedí perdón.

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Bien random jajajaja, ya estoy bien dormida :D
Saludos a todos!!!
Y besos para ti :)

martes, septiembre 04, 2007

{lazo -- 0029}

Iba a ser un largo viaje... Largo , y silencioso al parecer.
Me encontraba a su lado, pero parecía que ninguno de los dos se encontraba en ese lugar. Recargaba mi cabeza en su hombro, y él tomaba mis manos entre las suyas. Tan cerca y tan distantes. Su mirada estaba clavada en la ventanilla cristalina del coche en que nos trasladábamos, mientras mis ojos se iban cerrando poco a poco ante la escasa resistencia que les oponía. Nuestras almas iban alejándose una de otra para ir a perderse entre las telarañas del tiempo y del espacio.
Al fin mis párpados cayeron, mi respiración se volvió más suave y profunda, y el recuerdo impreso de mi amado en mi memoria iba borrándose paulatinamente para dar paso a las figuras informes de mi imaginación.
Y así, el movimiento irregular de los caballos a trote, y los giros bruscos que el cochero manipulaba fueron meciéndome hasta adaptarme a ellos. A través de mis ojos cerrados podía ver nuestro carruaje cruzando el camino accidentado, bajo un cielo gris y una neblina espesa que no permitía el paso de la luz solar.
Árboles, miles de árboles alrededor, tristes, melancólicos, anhelantes, que albergaban en ellos a los pajarillos que no cantaban y a los conejos que no corrían.
Podía sentir que el aire húmedo nos rodeaba, como queriendo detenernos y dejarnos atrapados en medio de la nada...
Y el paso cada vez más regular de los caballos, que fue luego semejando el movimiento de una locomotora. Gradualmente, el paisaje fue transformándose, dejando a un lado la naturaleza para dar lugar a lo que parecía un pueblo abandonado.
Pequeñas casas de madera pintorescamente decoradas; la plaza del centro con sus bancas, sus fuentes y sus monumentos; la iglesia ostentando el enorme campanario y una bien cuidada fachada; y por supuesto, la estación en que nuestro tren hizo su parada de costumbre... Todo habría sido perfecto si la neblina no nos hubiera perseguido hasta allí, ahuyentando a la gente que tanto deseaba ver: elegantes caballeros dando su brazo a damas bellas, acompañados de alguno de sus sirvientes, y saludando a los trabajadores campesinos que encontraran a su paso. Sin embargo, al no presentarse ni una sola persona, aquél parecía un pueblo fantasma.
Me arrellané en el asiento del vagón que ocupábamos solamente él y yo. El tren estaba casi vacío, y teníamos gran espacio para nosotros, aunque quedamos tan juntos como antes, conservando entrelazadas nuestras manos; fijando él en la ventanilla su mirada, dejando yo mis párpados cerrados...
Sentí mi espíritu alejarse otro tanto, con lo que las paredes que nos encerraban desaparecieron, permitiéndonos respirar el inconfundible aire de mar.
Llené mis pulmones de la refrescante brisa manrina, adivinando aquella estrecha banca en que él y yo nos encontrábamos, en la popa del barco, dando la cara al océano. El balanceo acompasado que sentía, indicaba un oleaje tranquilo y regular, que me hacía profundizar más dentro de mí y olvidar esa neblina densa que no nos dejaba en paz.
Podía notar la ausencia de los peces debajo de mis pies. Parecía que la esencia de la vida nos huía por donde quiera que pasáramos... Parecía que llegábamos a ser los últimos seres vivientes del planeta... Parecía que el Universo entero confabulaba para mostrar su grandeza a nosotros únicamente.
Y luego, llenando de magia la travesía, el acompasado movimiento del mar cesó, el barco se esfumó, y la neblina nos trasladó hasta lo alto del cielo, justo entre las nubes.
No había más alrededor. Volábamos sobre la nada, sintiendo esa humedad congelada, inexplicablemente suave y acogedora, tomados de las manos, viendo él fijamente, cerrando yo mis ojos.
Tan cerca y tan distantes... Ni una palabra en todo el viaje había nacido entre nosotros; ni una mirada habíamos cruzado; ni un beso habíamos compartido.
Entonces todo regresó: las cuatro paredes, el incómodo asiento del carruaje, la ventanilla humedecida por la neblina, el movimiento irregular de un trote de caballos, el grito monótono del cochero a los animales ya cansados... Abrí los ojos, y él me dirigió su mirada penetrante.
Pude leer a través de ella el camino, el tren, el pueblo fantasma, la popa del barco, el mar inhabitado, la neblina amiga y el viaje entre las nubes.
Nuestras almas se habían alejado poco a poco, sin desatar el precioso lazo que las unía. Estuvimos cerca, estuvimos distantes, pero estuvimos juntos.

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Algo más feliz como lo prometí :P
... mi gran sentido de lo que es feliz ¬¬ jaja

So, dos días más de vacaciones, y de vuelta al mundo real u_u
Saludos de la pequeña niña apocalíptica :P