viernes, abril 25, 2014

Acento

No escuchaba. Era como si las ondas sonoras lograran filtrarse por los poros de mi piel y llegaran hasta todos los receptores nerviosos de mi cuerpo. No sólo escuchaba: sentía. Me recorría a través de mi sangre, mis músculos, mis huesos. Estaba dentro. Permanecía independiente a los minutos que llegaban y se iban.

Finalmente, el eco de la voz quedó atrapado en mí, transformado en una acusación que me volvía culpable. 

jueves, abril 24, 2014

{presentimiento - 0065}

La consumía una terrible angustia. Tenía un mal presentimiento sobre el viaje y empezaba a creer que no era buena idea perseguir su sueño, al menos en ese momento. No podía predecir lo que iba a suceder, pero si algo resultaba mal no habría sido una sorpresa. 

Su tía, creyente ferviente del poder de la energía y los pensamientos positivos, le ofreció una solución: el amigo que iba a acompañarla debía firmar una carta donde se especificara el itinerario: horarios, vuelos, transporte terrestre y lugares por visitar, dirigida a los ángeles y solicitándoles que la protegieran durante esos días. 


No podían haberle hecho una propuesta más extraña, pero su tía no le dio tiempo de negarse: un momento después estaba escribiendo la carta y contactando a su amigo para explicarle la importancia de firmar aquel documento. 


Su amigo, distraído por naturaleza, no entendió ni una palabra pero amablemente accedió a hacerlo.


Ella tomó el papel de manos de su tía y fue a buscarlo, sintiéndose ya tranquila por el viaje, no porque viera en la carta un amuleto, sino porque su aventura había comenzado de una manera tan excéntrica como inesperada. 

domingo, septiembre 19, 2010

{fantasías - 0064}

Sentía como si sus sentidos se divirtieran a su costa y le jugaran perversas tretas: las percepciones eran, no de aquello que le aterrorizaba, sino, peor aún, de sus más profundos anhelos; la realidad se tornaba entonces mucho más amarga después de estos episodios que solían permanecer por brevísimos instantes en su mente.
Sin embargo, estaban ocurriendo cada vez con mayor frecuencia. Mientras las sombras se transformaban en siluetas, el viento cantaba las más dulces melodías, y los perfumes provenían también de lugares inexistentes. Una fértil imaginación impulsaba el autoengaño, y cualquier cosa alimentaba aquel ciclo de pensamientos que rayaban en una obsesión ya casi enfermiza alrededor de aquello.
No era capaz precisar con exactitud la intensidad del daño que se estaba provocando. Sabía qué hacer para evitarlo, sabía cómo y sabía por qué. No quería hacerlo. Solucionarlo habría significado aceptar que era un problema. Y lo era... pero no lo era. No era un problema. No podía serlo. Era, de hecho, necesario para su estabilidad mental. No debía destejer el tramado de las ilusiones, la alucinación de sus sentidos.
Era el único vestigio de esperanza que aún conservaba, y eso no podía ser problema.

lunes, julio 05, 2010

el café era demasiado amargo

y no podía recordar dónde había quedado el azúcar.

lunes, enero 11, 2010

{0063 - ausencia}

Fiel como un perro. Ésa era la expresión exacta. No como un gato que condiciona su presencia, sino como un perro que recibe a diario con cariño al joven que no siempre está de humor para tales recepciones. Un perro.
El hilo de sus ideas se perdió ahí. Su mente quedó en blanco y dejó de escuchar en su cabeza una melodía a la que no le había prestado atención sino hasta el instante en que ésta se detuvo.
Ahora todo era sólo silencio. Afuera y adentro, todo se había calmado. Y ese desasosiego comenzó a enredarse como raíz entre los pies que se apoyaban sobre el suelo de madera, ascendiendo poco a poco, subiendo por las rodillas, pasando por los muslos y alcanzando el torso, creando consigo el inevitable hueco en el estómago, disparando irremediablemente la pesadez en los latidos del corazón.
Suspiró. Era como si un molesto bicho revoloteara alrededor de sus oídos. Imposible ahuyentar aquel pensamiento insistente y obsesivo.
Cerró con desgana el libro de notas en el que trabajaba, abrió el segundo cajón de su escritorio y lo guardó bajo llave. Los bolígrafos fueron depositados en la misma lapicera que siempre se quedaba sobre su escritorio. Se puso el saco al levantarse y apagó la luz al salir.
El aire de la noche era fresco y húmedo. El cielo estaba colmado de nubes grises que resultaban amenazantes, y pronto empezó a llover. Y durante el camino a casa, ese maldito insecto no dejó de zumbar alrededor de su cabeza.
La puerta de su casa emitió un chirrido que más bien parecía una queja. Encendió la luz al entrar, buscando con la mirada algo distinto, fuera de lugar, que rompiera con la monotonía de siempre, que lo obligara a dejar de pensar. Dejar de pensar en ella. Olvidar su ausencia aunque fuera por tan sólo una hora.
Pero nada había cambiado. El lugar donde había estado ella creaba un vacío que lo llenaba.

sábado, diciembre 26, 2009

{ecos - 0062}

Su voz entonaba con la música que se escuchaba al fondo de la habitación. Me rodeaba con uno de sus brazos mientras el otro lo apoyaba cerca de mi almohada. Sentía plácidamente su calor y me perdía entre los últimos rastros de mis ensoñaciones.
La luz comenzó a mezclarse con los objetos en que fijaba la mirada, dándoles vida poco a poco y transformando los muros en formas orgánicas de brillantes colores, que se acercaban y se alejaban creando sonidos graves que iban intensificándose, hasta convertirse en lo único que habitaba el espacio ahora oscurecido. Sentí que mi cuerpo ligeramente se elevaba, dejándome inmersa en un sentimiento de desasosiego. Me vi rodeada entonces por las hojas de un árbol que intentaba tocarme con sus ramas, sin conseguirlo. Alargué mi brazo hacia él y rocé con la punta de mis dedos aquella textura rugosa de color café: estaba húmeda. El contacto de ambas pieles provocó que el árbol se alargara hasta el infinito y me llevara con él más allá de las estrellas. Una alfombra de pequeños cuerpos nebulosos me esperaba. A lo lejos, pude distinguir la silueta de cientos de personas que parecían estar ahí desde hacía una eternidad. Caminé hacia ellos, sintiendo bajo mis pies una suavidad tan fría como inesperada; pensaba confundida acerca de la escasa variedad de colores en los extravagantes sombreros que utilizaban, cuando noté que él estaba ahí y me miraba. Fijamente. 
Los sonidos se trasladaron a un plano más cercano a mi atención para aclararse. Las siluetas se iban perdiendo en la lejanía mientras regresaban las cuadradas estructuras de una habitación que aún no recuperaba del todo sus formas. Sonreí justo antes de abrir los ojos, segura de que él estaría ahí. 
Pero no era así. Levantarme repentinamente provocó que me mareara; tras unos torpes pasos, alcancé a sostenerme en el alféizar de la ventana. Busqué con los ojos alguna explicación, y tan sólo el eco de dos palabras me devolvió la tranquilidad. 
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Y esto no es deprimente porque no son fechas para publicar algo triste ¬¬ 
jaja

domingo, diciembre 13, 2009

Hipnosis

La suma de mis fracasos me resultó intolerante. Furioso, me levanté de la cama con la molesta sensación de sangre concentrada en la zona de mi pecho. ¡Seis malditos días sin poder dormir!
Era inexplicable... ¡Era ridículo! No había sentido sueño y mi cuerpo no estaba cansado, pero mi mente exigía esa imperiosa necesidad de detener el proceso racional. Mis nervios detonarían apenas se rozara el gatillo, y ni aún con medicamento había logrado un solo segundo de relajación.
Subí desquitando mi enojo con cada peldaño de las escaleras, rechinando los dientes, con el ceño fruncido y ese terrible zumbido en mi cabeza. Justo antes de abrir la puerta, la luz de luna dibujó mi reflejo en el cristal: unos ojos sombríos, casi sádicos, me devolvieron la mirada.
La tranquilidad y el aire fresco que esperaba encontrar afuera, resultaron ser su antítesis. Una masa densa me cercaba, inutilizando mis extremidades, impidiendo el flujo de aire por mi garganta, acelerando las oscilaciones cardiacas hasta transformar esa asfixiante angustia en un dolor insoportable.
Intentaba vanamente moverme o gritar; mi voluntad no era suficiente ante aquel demonio que consumía todas mis fuerzas... ¡Sólo quería escapar!
El ente me arrastró hasta el borde, y el alivio que sentí se prolongó por el instante que tardé en llegar al suelo. Desde ahí, con el cráneo roto y sintiendo resbalar la sangre por mi piel, alcancé a percibir, desde la azotea, aquella mirada despiadada que disfrutaba del paisaje de mi muerte.
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Mientras me inspiro para seguir con los otros cuentos que tengo comenzados... ¬¬
Éste es uno que escribí en agosto para un concurso en que no gané :C