sábado, marzo 29, 2008

{camino a casa -- 0047}

Después de tanto, al final logré encontrarlo: el camino a casa, el regreso a mi hogar.
Me detuve ante el umbral formado por los árboles nevados que me presentaban suntuosamente el inicio del camino. Contemplé las nubes rosadas por los tintes de un precioso ocaso que desplegaba con majestad su manto sobre el firmamento; las flores sonrientes me daban la bienvenida junto con las ardillas y las aves que habían ido hasta ahí sólo para eso. Extasié mis pulmones con un aire fresco y puro que sabía a tranquilidad.
El dolor causado por todas mis heridas iba perdiendo fuerza, mientras disminuía la intensidad de mis frustraciones y desesperanzas. Me quedé ahí, sin atreverme a dar un paso, sintiendo algo más que miedo e incertidumbre; algo más que la tristeza de dejar todo atrás; algo más que la cobardía para no poder empezar a recorrer mi camino, mi camino a casa.
Había algo más que me impedía caminar: mi memoria, mis recuerdos, tu imagen eterna frente a mis ojos, tu dulce voz grabada en mis oídos, sentir aún tus manos cariñosas protegiéndome. No quería irme sin decirte adiós, sin darte las gracias, sin decirte que te quiero. Tenía que verte, pero ¿cómo? No sabía dónde buscarte ni cómo llamarte.
Miré hacia atrás con angustia... No estabas. Y una fuerza irresistible me atraía poco a poco a aquella vereda que me conduciría a mi hogar. ¿Cómo, cómo irme sin que fueras lo último que mi mente captara, sin llevarte conmigo en mis sentidos?
Y sin embargo el tiempo se agotaba. La luz disminuía de forma gradual, y la penumbra comenzaba a apoderarse del ambiente. Sin luz no podría llegar a casa, y si esperaba más tiempo, tal vez nunca encontraría de nuevo el camino.
-- Lo siento, lo siento...
Suspirando, cerrando los ojos, derramando una lágrima, me fui. Crucé el umbral, y tomé el camino. De inmediato una sensación de bienestar, tranquilidad y dulce felicidad me envolvió, provocando en mi corazón una calidez que despejó todo rastro de tristeza o dolor que aún quedaba en mí.
Continué caminando, sonriendo, pensando en ti, agradeciendo al destino haberte conocido.

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En memoria de mi pequeño Zafiro :)

martes, marzo 25, 2008

{0046 - te pido...}

Me tienes. Soy tuya, te pertenezco. Tómame, acércame a tus labios, abrázame hasta que desmaye.
Mírame, quiéreme, tócame, bésame, acaríciame, mímame, explórame, juega conmigo. Háblame, susurra a mi oído, hazme reír y sonríeme. Empalágame, contágiame, ámame.
Ámame, que soy tuya y no me iré. Quiéreme, que mi vida sólo existe junto a ti. Bésame, que tus labios son el mejor bálsamo para mis heridas. Háblame, que tu voz es mi único respiro. Mírame, que son tus ojos la luz que estoy buscando. Tócame, que el contacto con tus manos es mi manjar más apreciado.
Conóceme, siénteme, escúchame, aspira mi aroma. Hazme sentir tuya, haz lo que quieras conmigo, que estoy aquí para ti.
Solamente... sólo te suplico que no me dejes ir.

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Bien random, de uno de estos días en que no había mucho qué hacer :o

viernes, marzo 21, 2008

{imposible -- 0045}

Imposible olvidarte, dejar de recordarte; imposible revivir el momento en que te conocí, dejar el pasado atrás. Imposible pronunciar tu nombre, y no verte en todas partes. Imposible borrarte de mi mente, querer tenerte cerca. Imposible extasiarme en tu mirada, o ser indiferente. Imposible ir a buscarte, imposible desear besarte.
Imposible que me olvides, que te acerques, que me hables. Imposible tener contacto con tus manos; imposible no esconderme para que no me encuentres. Imposible tenerte en mente, acordarme de que existes. Imposibles las palabras pronunciadas, los sueños anhelados, los deseos escritos, las vidas perdidas.
Imposible la coincidencia de caminos, compartir un horizonte. Imposible romper el lazo, imposible unirlo. Imposibles las horas entregadas, o los días malditos. Imposible el goce del pasado, el placer del presente, el odio del futuro. Imposible mi vida contigo, así como tu vida sin mí.
Imposible la coherencia; imposible perder todo sentido. Imposible tener razones o imposibles emociones. Imposible, todo imposible.
Imposible como la existencia de alguien como tú.

domingo, marzo 16, 2008

{0044 - atrapada}

No sabía cómo había llegado a ese lugar que me resultaba tan familiar. De pronto me encontré a mí misma caminando por una vereda, sin poder recordar nada que me hubiera hecho ir hasta allí. Extrañada, seguí caminando, lentamente, dirigiendo mi vista a todo lo que me rodeaba, intentando encontrar alguna pista que activara mi memoria y me permitiera saber dónde estaba. De inmediato me di cuenta que las cosas tenían algo extraño, como un dejo de sueño... Ligeras nubes moradas que se enrollaban y desenrrollaban en formando espirales ante un cielo color turquesa que parecía sonreírme; los árboles presumían sus hojas de un azul intenso, que se agudizaban en su punta y se extendían metros y metros, levantadas por un viento que reía a carcajadas como si se burlara de mi confusión; a mi alrededor volaban pequeños entes informes que mutaban de colores mientras me miraban con aquellos ojillos curiosos que resultaban tan simpáticos. Sin embargo, el ambiente se percibía tan natural que terminaba siendo fascinante y dulcemente acogedor.
Continué mi andar por el inmenso parque, alegre y curiosa, deteniéndome para admirar raras bellezas de una naturaleza irreal. Un poco más lejos, divisé una estructura metálica, blanca y de enormes dimensiones, que al acercarme un poco más, identifiqué como la montaña rusa más alta que había visto en mi vida. Aunque ya estaba terminada (con tantas vueltas, subidas, bajadas y torsiones), por lo que vi, aún no estaba funcionando, puesto que distinguí a un trabajador que, dentro de un único carrito, inspeccionaba minuciosamente cada detalle y unión del esqueleto de la construcción. Me detuve unos minutos para contemplar la escena, y tan sólo de ver la desproporcionada altura, sentí un vértigo terrible que me llenó de angustia... Entonces me fui.
Me tranquilicé después al ver caer suavemente las estrellas de colores del cielo, y caminé un rato más. Seguí en línea recta hasta encontrarme, para mi sorpresa, con una amiga que al parecer llevaba en ese sitio mucho más tiempo que yo. Al verme, se entusiasmó y me dijo:
-- ¿Has visto la montaña rusa que han construido para nosotros? ¡Después de tanto que la pedimos! ¿No es genial? Tenemos que ir allá para mi cumpleaños.
-- ¿Tu cumpleaños? -- pregunté. -- Pero si faltan aún unos cuantos meses para eso...
-- Sí. Pero tenemos que organizar todo desde ahora para que salga bien, ¿no crees?
-- ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-- Casi medio año. Por lo que veo, tú acabas de llegar. -- Y sonrió afablemente.
-- ¿Y cómo puedo salir?
-- ¿Bromeas? Eso es imposible. Nos quedaremos en este lugar para siempre; una vez que entras, no es posible regresar... Pero no hay nada de qué preocuparse --añadió al ver mi expresión de desconcierto--, puesto que tenemos todo lo que necesitamos, y es un lugar maravilloso. Aquí no hay problemas, todo está siempre bien, todos somos felices.
¿Quedarme ahí para siempre? No... No, yo tenía que volver. Quería mi realidad, quería mi mundo; quería el follaje verde de mis árboles, mis nubes blancas, mi cielo azul, mi viento insensible, mis animales conocidos. Quería mis problemas, quería mi tristeza, quería mis lágrimas otra vez; quería volver a apreciar la felicidad y el agradecimiento en mi mundo al estar en contacto con las carencias que tenía.
Quería salir de ahí. Necesitaba superar mis miedos... ésos que me habían llevado hasta ese falso mundo feliz de fantasía. Tenía que regresar.

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Solía decir el profe Ángel que lo que importaba no era en sí la trama de la historia, sino la forma en que el escritor narrara esa historia. Y como escritora he encontrado lo interesante que es contar una historia de mil maneras diferentes.
Me decía "Yo no soy escritor, yo soy lector; pero tú sí eres escritora, y como lector me gusta leer lo que escribes" :)
Agradecimientos y saludos al profe, aunque no vaya a leer esto jaja.
Y saludos a mis lectores.

{recuerdo frustrado - 0043}

Sus miradas se cruzaron sólo por un instante, como atraídas por cierto magnetismo inexplicable. ¿Por qué, entre tal tumulto de personas, se habían visto a los ojos simultáneamente? ¿Cómo describir aquella sensación extraña que se presentó en las entrañas de ambos cuando se creó ese brevísimo contacto?
Y a partir de entonces, el recuerdo de una mirada fugaz acompañó a ellos dos el resto del día. La intriga se convertía poco a poco en impaciencia, la curiosidad se atragantaba, la impotencia del desconocimiento se hacía tortuosa.
¿Cómo encontrarse de nuevo? ¿Dónde buscar? ¿Qué era necesario hacer para identificar un par de ojos de entre millones de personas? Había sido como capturar por un momento una pelusa entre las manos, que sin más había ido a perderse arrastrada por el viento.
El tiempo pasaba sin que volvieran a coincidir, apagando poco a poco esa luz de preciosa incertidumbre que había iluminado por un instante el interior de aquéllos dos. La avidez por buscar se rindió ante la casi inexistente probabilidad de encontrar.
Las locas manecillas del reloj daban vueltas y vueltas, una tras otra, sin detenerse a descansar siquiera un rato. Y nada pasó... nada más que el desvanecimiento gradual de un lindo recuerdo frustrado.
No, jamás volverían a encontrarse. Nunca, porque ya se habían dado por vencidos.

{0042 - querer perder}

Verte tan cerca y sentirte tan lejos. Notar la forma en que mi corazón se vaciaba ante el muro intraspasable que se había edificado entre nosotros.
Y cómo quisiera... Cómo quisiera no tener ojos, para dejar de verte, para ya no buscarte; quisiera tapar mis oídos, para olvidar las vibraciones de tu voz, para cesar de querer escucharte en cualquier parte; quisiera deshacer mi nariz, para no percibir tu aroma, para ya no oler nada relacionado a ti; quisiera arrancarme los labios, para no gritar tu nombre, para dejar de besar tus fotos; quisiera borrar mi memoria, para ya no recordarte, para olvidarme de todo.
Cómo quisiera perder la conciencia, perder mi presencia, perder mis sentidos, perder mi esencia; quisiera destrozar mi corazón, atrofiar mi cerebro, desgarrar mi cuerpo; quisiera disolver mi ser y acabar con mi existir... porque no soporto estar sin ti.
¿Cuándo fue que te alejaste? ¿Cuándo te fuiste? ¿Cuándo me dejaste? ¿Por qué deshiciste poco a poco ese lazo que habíamos trenzado?
Y cómo quisiera... Cómo quisiera ser menos fuerte, para morir de dolor; quisiera tener secos los ojos, para ya no llorarte; quisiera que me robaran la voz, para no oír tus palabras de antaño en mi boca.
Quisiera no imaginarte, quisiera olvidarte, quisiera no perdonarte, quisiera odiarte. Cómo quisiera nunca haberte conocido, para así no extrañar una felicidad de la que no sabía, para no tener que dejar de amar de la forma en que enseñaste alguna vez.
Sonreírte, hablarte, olerte, observarte, escucharte; quisiera tenerte de vuelta, regresarte, atraparte; quisiera abrazarte y nunca dejarte.
Y cómo quisiera... Cómo quisiera... que nunca te hubieras ido.