sábado, diciembre 26, 2009

{ecos - 0062}

Su voz entonaba con la música que se escuchaba al fondo de la habitación. Me rodeaba con uno de sus brazos mientras el otro lo apoyaba cerca de mi almohada. Sentía plácidamente su calor y me perdía entre los últimos rastros de mis ensoñaciones.
La luz comenzó a mezclarse con los objetos en que fijaba la mirada, dándoles vida poco a poco y transformando los muros en formas orgánicas de brillantes colores, que se acercaban y se alejaban creando sonidos graves que iban intensificándose, hasta convertirse en lo único que habitaba el espacio ahora oscurecido. Sentí que mi cuerpo ligeramente se elevaba, dejándome inmersa en un sentimiento de desasosiego. Me vi rodeada entonces por las hojas de un árbol que intentaba tocarme con sus ramas, sin conseguirlo. Alargué mi brazo hacia él y rocé con la punta de mis dedos aquella textura rugosa de color café: estaba húmeda. El contacto de ambas pieles provocó que el árbol se alargara hasta el infinito y me llevara con él más allá de las estrellas. Una alfombra de pequeños cuerpos nebulosos me esperaba. A lo lejos, pude distinguir la silueta de cientos de personas que parecían estar ahí desde hacía una eternidad. Caminé hacia ellos, sintiendo bajo mis pies una suavidad tan fría como inesperada; pensaba confundida acerca de la escasa variedad de colores en los extravagantes sombreros que utilizaban, cuando noté que él estaba ahí y me miraba. Fijamente. 
Los sonidos se trasladaron a un plano más cercano a mi atención para aclararse. Las siluetas se iban perdiendo en la lejanía mientras regresaban las cuadradas estructuras de una habitación que aún no recuperaba del todo sus formas. Sonreí justo antes de abrir los ojos, segura de que él estaría ahí. 
Pero no era así. Levantarme repentinamente provocó que me mareara; tras unos torpes pasos, alcancé a sostenerme en el alféizar de la ventana. Busqué con los ojos alguna explicación, y tan sólo el eco de dos palabras me devolvió la tranquilidad. 
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Y esto no es deprimente porque no son fechas para publicar algo triste ¬¬ 
jaja

domingo, diciembre 13, 2009

Hipnosis

La suma de mis fracasos me resultó intolerante. Furioso, me levanté de la cama con la molesta sensación de sangre concentrada en la zona de mi pecho. ¡Seis malditos días sin poder dormir!
Era inexplicable... ¡Era ridículo! No había sentido sueño y mi cuerpo no estaba cansado, pero mi mente exigía esa imperiosa necesidad de detener el proceso racional. Mis nervios detonarían apenas se rozara el gatillo, y ni aún con medicamento había logrado un solo segundo de relajación.
Subí desquitando mi enojo con cada peldaño de las escaleras, rechinando los dientes, con el ceño fruncido y ese terrible zumbido en mi cabeza. Justo antes de abrir la puerta, la luz de luna dibujó mi reflejo en el cristal: unos ojos sombríos, casi sádicos, me devolvieron la mirada.
La tranquilidad y el aire fresco que esperaba encontrar afuera, resultaron ser su antítesis. Una masa densa me cercaba, inutilizando mis extremidades, impidiendo el flujo de aire por mi garganta, acelerando las oscilaciones cardiacas hasta transformar esa asfixiante angustia en un dolor insoportable.
Intentaba vanamente moverme o gritar; mi voluntad no era suficiente ante aquel demonio que consumía todas mis fuerzas... ¡Sólo quería escapar!
El ente me arrastró hasta el borde, y el alivio que sentí se prolongó por el instante que tardé en llegar al suelo. Desde ahí, con el cráneo roto y sintiendo resbalar la sangre por mi piel, alcancé a percibir, desde la azotea, aquella mirada despiadada que disfrutaba del paisaje de mi muerte.
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Mientras me inspiro para seguir con los otros cuentos que tengo comenzados... ¬¬
Éste es uno que escribí en agosto para un concurso en que no gané :C


martes, julio 07, 2009

{un amanecer - 0061}

La densa oscuridad me envolvía impregnando mi respiración de fatalidad. Un miedo trémulo brotaba desde el centro de mi pecho y no alcanzaba a comprender la razón de aquella incertidumbre. Sentí tras de mí una presencia y me volví precipitadamente. Nadie.
Permanecí atenta sin lograr distinguir ni un débil rayo de luz. Mi corazón se detuvo por un instante cuando una mano ruda jaloneó mi brazo izquierdo y me hizo girar. Vi el resplandor de unos fieros ojos que se acercaban irremediablemente a los míos. El terror me había paralizado de tal manera que ni siquiera pude reaccionar cuando encontré rodeada mi cintura por unos brazos fuertes que me apretujaban de manera poco delicada.
Pronto percibí su aliento ardiente sobre mis labios. Abrí mi boca para gritar, pero ningún sonido salía de mi garganta. Intenté desesperadamente mover mis brazos, mis piernas, hacer cualquier cosa que me alejara de él, y todo esfuerzo era inúltil: mi cuerpo no respondía. La respiración comenzó a faltarme y la opresión en mi pecho era cada vez más fuerte. Aquel hombre no sólo me besaba, sino también me robaba el poco aire que quedaba en mis pulmones, me vaciaba, y entonces...
···
Abrí los ojos al tiempo que inhalaba bruscamente. Mi corazón palpitaba con cierta pesadez que poco a poco dejó de ser dolorosa. La luz de la mañana le daba color y forma a todos los objetos de la habitación. Aún no asimilaba la razón por la que estaba en ese lugar; sabía que lo había visto antes, en algún momento...
Giré mi cabeza lentamente hasta que mi mejilla derecha quedó apoyada sobre la almohada. Suave, una almohada muy suave.
Veía fijamente el bulto que estaba junto a mí, sin entenderlo, sin saber de qué se trataba. Mi mente aún no había despertado del todo; una parte de mí permanecía en el escenario negro entre los brazos de un hombre fuerte que... Un hombre. ¿Quién? Su rostro comenzó a crear sus propios contornos en mi memoria mientras que yo lograba distinguir su figura a mi lado.
Y mis mejillas, sonrojadas, dieron paso a una sonrisa.

viernes, enero 09, 2009

{0060 - miénteme}

Miénteme, por favor. Dime que me extrañas, que me necesitas, que me amas, que estarás conmigo siempre. Hazme creer que congelarás este instante para volverlo eternidad, que no habrá un mañana, que el tiempo ha dejado de marchar.
Enrédame en tus telarañas de mentira y falsedad, abusa de la confianza que te tengo y malgasta tus palabras en lo que yo quiero escuchar. Véndame los ojos y no me dejes ver la realidad. Enciérrame en cualquier lugar contigo, donde no haya testigos que te acusen de traición. Acércate conmigo a beber con un suspiro el más preciado anhelo de mi corazón. Y olvida en este día que afuera existe un mundo aparte de los dos.
Miénteme, por favor. Hoy no quiero tu sinceridad. Toma parte en esta farsa y ayúdame a poder tocar mi sueño de verdad. Haz que mi existencia se concentre en esa ciencia a la que llamamos el amor. Y bésame, incansablemente. Bésame ahora y hazme creer que es para siempre, que la luz de esta vela no se extinguirá.
No me hables del mañana, porque mañana no estarás. Evíta imaginar lo que será cuando esta fantasía se desmorone como arena junto al mar. ¡Calla! Calla, y no me digas que cuando todo esto termine no lo voy a soportar. Porque no quiero saber lo que entonces voy a hacer cuando despierte en esta cama y no estés en mi mirar.
Déjame disfrutar de este minúsculo momento en que tengo la oportunidad de poder estar contigo sin pensar en nada más. Miénteme, por favor.
Sé mi cómplice en este crimen contra mí: te juro que si aceptas, no te voy a condenar.

lunes, enero 05, 2009

{consejo médico - 0059}

− ¿Ahí es donde duele?
− Sí, justo ahí.
El doctor retiró su estetoscopio con un gesto de preocupación.
− Esto no se escucha bien. ¿Cómo fue que pasó?
Con voz temblorosa, con la mirada fija en el suelo, ella comenzó su relato, intentando omitir los detalles menos importanes y concentrarse sólo en los hechos. No pudo evitar dejar caer un par de lágrimas al exteriorizar las razones de su problema, algo avergonzada.
− Es necesario hacer cirujía.
Levantó los ojos, intentando enfocar el rostro del doctor a través de la gruesa capa de agua salada que tenía entre los párpados. No dijo una palabra, pero su expresión revelaba a la vez el miedo de una operación y la esperanza de que eso fuera suficiente para reparar el daño.
− Si todo sale bien, ya no te va a doler.
···
− Los estudios revelaron un pequeño agujero en el ventrículo izquierdo del corazón.
Estaba asustada, muy asustada en realidad. No sabía qué decir... o qué pensar.
− No te preocupes, todo estará bien.
− ¿Qué se puede hacer? − dijo ella.
− Hay que sellar la cavidad. El proceso puede ser fácil o difícil, dependiendo del material que elijas.
− ¿Qué opciones tengo?
− Casi todo que puedas imaginar; sólo es cuestión de establecer los riesgos y beneficios de cada uno. He puesto varios repuestos de corazón de palo, por ejemplo.
− ¿De madera? ¿Y no duele?
− No, la operación en sí no causa ningún dolor. Lo que hay que ver es cómo va a reaccionar tu corazón a largo plazo.
− ¿Qué inconvenientes tiene un trocito de madera? ¿No será demasiado rígido?
− El mayor problema de los corazones de palo es que, bajo determinadas condiciones, se puede astillar.
− Si eso pasara sería muy doloroso... ¿Qué más hay?
− Vidrio, ¿le parece?
− ¿Y que pueda verse hacia dentro? No... ¿Qué tal algo que me guste más? Algo como... ¿chocolate?
− El chocolate se derrite. No es muy recomendable.
− ¿Cartón? ¿Tela? ¿Plástico?
− El cartón se humedece, la tela filtra, el plástico puede ser tóxico... Pero tenemos muchas otras opciones.
− ¿Como cuáles?
Tras una larga serie de sugerencias, preguntas y respuestas, la joven bajó la cabeza sin poderse decidir. Encontraba desventajas a cualquier propuesta.
− Tienes demasiado miedo.
Ella asintió sin decir una palabra. El doctor meditó unos minutos, antes de proponer la solución perfecta:
− Sé de algo con la consistencia y resistencia perfecta, que además tiene la medida precisa para reparar tu corazón en menos de un minuto.
− ¿Y qué es?
− ¡Un cacahuate!
− ¿Un corazón de cacahuate?
Ella sonrió y se dio cuenta que a eso no se podía negar.

viernes, enero 02, 2009

{0058 - buscando por el mundo}

De nuevo te perdí. No sé ni por qué siempre hago lo que me pides, si terminas escapándote, escondiéndote, y esperando a que te encuentre en los lugares más recónditos e inimaginables.
Llevo ya tanto tiempo en esta búsqueda infructuosa, con los pies cansados por falta de reposo y el cerebro agobiado de pensar, que empiezo a creer que va siendo suficiente de continuar con este juego absurdo que sólo te divierte a ti. Habrá sido ésta la última vez que habrás contado con mi cooperación... Pero no logro hacerme una idea de dónde estarás ahora, en qué parte del mundo ir a buscarte, ni cuáles son las pistas que me lleven a localizarte.
¿Dónde estás, pequeña? ¿Dónde te has metido?
Te coloqué encima del mismo enorme planisferio de siempre, en un punto entre la Rusia Oriental y la Occidental, justo donde me indicaste. No me dijiste qué harías ahí, pero yo sabía que pensabas fugarte para que comenzara mi cadena de deducciones hasta poder llegar a ti, en París, en El Cairo o en la Antártida. Necesito una pista, sólo una... Pero ni siquiera eso me dejaste. ¿Cómo esperas que dé contigo?
Pequeña eternamente insatisfecha, siempre tras todo aquello casi imposible de alcanzar. Tu satisfacción, más que en llegar a tu destino, se basa en las dificultades del camino. ¿Dónde estarás? ¿Acaso quieres que te encuentre, o ya no quieres verme más?