Lo vi y seguí sus pasos. Era un ser extraño, por completo desconocido y ajeno a mi entendimiento netamente humano. Era un ser, un ente, una alma, una vida, que poseía una forma inexistente, que exhalaba un perfume de misterio y curiosidad. Su color efímero, su irradiación de esa luz repleta de oscuridad, aquél olor a nada tan atrayente, la única mirada omnisciente en sus imaginarios ojos: era en absoluo irresistible. Y lo seguí.
Seguí sus pasos, uno a uno, despacio, con cautela, con curiosidad y con terror. Jamás me atreví a acercarme a él más de diez pasos. Y aún así, yo sabía que él estaba cierto de mi presencia, que él conocía mi pensamiento entero mejor que yo.
Se aprovechaba, se aprovechaba de mí; me robaba vida, mantenía mi alma aprisionada junto a la suya, un poco lejos de mi cuerpo. Me agotaba, me obligaba a seguir su camino, a conocer su existencia, a darme cuenta de una realidad antes para mí desconocida; sin palabra alguna, compartió conmigo su conocimiento, su infinita sabiduría, todo su poder. Yo lo seguía, pues, con gran placer, cegándome cada vez más a mi tonta visión anterior del universo, del todo; aprendí la verdad acerca del movimiento y reacción de cada partícula existente, el por qué de la vida, de las energías en juego, del funcionamiento de las masas y fuerzas; supe la explicación a cada eterno misterio de la ciencia y de los hombres. Y fui feliz.
Sí, a pesar de que mi vida se agotaba más y más segundo a segundo, en ese instante eterno conocí una felicidad inusitada, extraña, fantástica.
Supe cómo concebir el tiempo de otra forma, de olvidar la arbitrariedad de los segundos, minutos y horas; fui capaz de ya no regirme por el sol, por el cielo, por una religión, las costumbres o una sociedad; dejé de darle importancia a mis pensamientos y sentimientos, a mi persona, a mi cuerpo, al cansancio ineludible que ya se había apoderado de mí.
Mis sentidos desaparecieron junto a mis sueños. Pero fui feliz; poseía una felicidad extraña que nada tenía que ver con el amor, el bien, el placer o alguna sencación corpórea o anímica. Era mucho más maravilloso que eso.
Supe cómo superar miles de obstáculos en el camino, en ese terreno tortuoso y cruel por donde mi guía me obligaba a pasar... miles y miles, menos uno.
En un momento estuvimos al borde de un precipicio. Él nos llevó hasta ahí, y no se detuvo; ni yo tampoco. Sólo que... olvidé que yo pertenecía a la especie humana aún, y por lo tanto, no sabía volar. Y él se fue, consciente de mi próxima muerte, caminando sobre el aire como de costumbre... Y me dejó un regalo: me devolvió mi alma, mucho más pequeña, ya agotada y sin fuerzas. Mas, al fin fui libre otra vez.
Mientras caía, el instante en que volvía a sentir, en que pude recordar lo que era respirar aunque con extrema dificultad... después de recuperar los restos de mi alma, me pregunté si era mejor aquella felicidad diferente, o la que yo había conocido antes, en mi vida anterior. Me pregunté eso, y muchas cosas más.
Pero caí sin tener tiempo para contestarme; mi cuerpo tocó el suelo rocoso, mis huesos se rompieron y mis órganos dejaron de funcionar. La sangre huyó de mis venas a través de las heridas, mis ojos dejaron de ver, mis pulmones se negaron a trabajar, los músculos de mi cuerpo no respondían, y mi cerebro se adormecía.
Comencé a sentir cómo mi vida se desmoronaba poco a poco, dolorosamente, con una angustia indefinible, inaudita, impracticable..
--bueno, después de todo, jamás creí que podría escribir tan pronto, después de lo que pasó...
fue difícil comenzar, pero luego todo fluyó.
y claro, fue más fácil cuanto más me alejaba de la realidad --_--
...
yo no sabía cuánto duele tener destrozado el corazón.
pero bueno, me quedo con la sabiduría del conde de montecristo, confiar y esperar.
y no digo más...
1 comentario:
Como siempre: magistral. Está en tu línea, aunque los últimos relatos rozan un poco lo kafkiano y lo existencial. Lo que más me gusta es la gran sensibilidad que les transmites.
¿Cómo llevas tu novelilla? ¿Vas a ponernos algunos capítulos por aquí?
Bueno, pues ánimo, no dejes de escribir y hasta la próxima! ;)
Publicar un comentario